Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Mucho de lo que dice Cicerón se encuentra ya en el Estado con el que soñara Platón y se puede volver a leer en Jean-Jacques Rousseau, así como en todos los idealistas utópicos. Pero lo que eleva su testamento tan sorprendentemente por encima de su época es ese sentimiento nuevo que medio siglo antes del cristianismo se expresa aquí por vez primera: el humanitarismo. En una época de la más atroz crueldad, en la que hasta César cuando conquista una ciudad manda cortar las manos a dos mil prisioneros, en la que los mártires y las luchas de gladiadores, las crucifixiones y lapidaciones son hechos cotidianos y naturales, Cicerón es el primero y el único que alza la voz para protestar contra cualquier abuso de poder. Condena la guerra como el método de los beluarum, de las bestias, así como el militarismo y el imperialismo de su propio pueblo, la explotación de las provincias, y solicita que la anexión de otras tierras al imperio romano sólo se haga por medio de la cultura y de las costumbres, jamás por la espada. Alza la voz contra el saqueo de ciudades —y reclamación absurda en la Roma de entonces— exige clemencia incluso para aquellos que están más desamparados frente a la ley, para los esclavos (adversus infirmus justitia esse servandum). Con mirada profética prevé la caída de Roma en la sucesión demasiado rápida de sus victorias y en sus conquistas malsanas, por ser sólo militares. Desde que con Sila la nación emprendiera guerras con el único objeto de hacerse con un botín, la justicia en el propio imperio se ha perdido. Siempre que un pueblo recurre a la violencia para arrebatarles la libertad a otros, pierde con ello, en una enigmática venganza, la fuerza portentosa de su propio aislamiento.