Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Ahora todo lo que antes entrañaba enormes dificultades resulta fácil. El 23 de julio de 1865 el mastodóntico barco cargado con un nuevo cable abandona el Támesis. Y aunque también el primer intento fracasa, cuando por un desgarro la colocación se interrumpe dos días antes de alcanzar la meta y de nuevo el insaciable océano se traga seiscientas mil libras esterlinas, la técnica está ya demasiado segura de la empresa como para dejarse desanimar. Y cuando el 13 de julio de 1866 el Great Eastern zarpa por segunda vez, el viaje se convierte en un triunfo. Esta vez, el cable transmite de forma clara e inteligible en dirección a Europa. Pocos días después se encuentra el viejo cable. Dos cordones unen ahora el viejo y el nuevo mundo en uno solo. El milagro de ayer es la evidencia de hoy. Y desde ese momento la Tierra tiene un único latido. Escuchándose, viéndose, entendiéndose, la humanidad vive de forma sincrónica de un extremo al otro de la Tierra, disfrutando del divino don de la ubicuidad gracias a su propia fuerza creadora. Y gracias a su victoria sobre el espacio y el tiempo habría permanecido unida para siempre si, una vez más, no la hubiera turbado la funesta manía de destruir esa grandiosa unidad y de exterminarse a sí misma con los mismos recursos que le dan poder sobre los elementos.