Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Pero al cabo de unos dÃas tienen que reconocer consternados que la revolución rusa, cuya noticia ha elevado sus corazones como con aleteos de águila, no es la revolución con la que soñaban, ni tampoco una revolución rusa. Ha sido un motÃn palaciego contra los zares, urdido por diplomáticos ingleses y franceses para impedir que los zares firmaran la paz con Alemania. Tampoco se trata de la revolución del pueblo, que quiere esa paz y sus derechos. No es la revolución para la que han vivido y por la que están dispuestos a morir, sino una intriga de los partidos en guerra, de los imperialistas y de los generales que no quieren verse contrariados en sus planes. Lenin y los suyos pronto reconocen que aquella promesa de que todos tenÃan que regresar, no vale para quienes desean la verdadera, la radical revolución marxista. Miliukov y los otros liberales ya se han encargado de impedirles el regreso. Y mientras los moderados, los socialistas como Plejánov, útiles para una prolongación de las hostilidades, son trasladados de la manera más amable por Inglaterra con torpederos y con escolta de honor hasta San Petersburgo, Trotski es retenido en Halifax y los demás radicales, en la frontera. En las fronteras de todos los estados de la Entente hay listas negras con los nombres de todos aquellos que han participado en el Congreso de la III Internacional en Zimmerwald. Desesperado, Lenin envÃa telegrama tras telegrama a San Petersburgo, pero son interceptados o quedan sin despachar. Lo que no saben en Zúrich y prácticamente nadie en toda Europa, lo saben muy bien en Rusia: lo fuerte, lo enérgico, lo perseverante y mortalmente peligroso que resulta VladÃmir Ilich Lenin para sus adversarios.
