Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad La desesperación de los que, impotentes, están retenidos no tiene límite. Desde hace años y años han proyectado estratégicamente su revolución rusa en incontables reuniones del alto Estado Mayor en Londres, París, Viena. Han evaluado, probado de antemano y discutido a fondo cada detalle de la organización. Durante decenios, en sus revistas han sopesado una por una las dificultades, los riesgos, las posibilidades, tanto desde el punto de vista teórico como práctico. Toda su vida este hombre ha meditado minuciosamente un complejo de ideas, revisándolo una y otra vez y llevándolo a las más terminantes formulaciones. Y ahora, como él está retenido aquí, en Suiza, quienes han puesto la idea sagrada de la liberación del pueblo al servicio de naciones e intereses extranjeros aguarán y echarán a perder su revolución. En una curiosa analogía, Lenin vive en esos momentos el mismo destino que Hindenburg durante los primeros días de la guerra, que estuvo durante cuarenta años operando y ejercitando a las tropas para la campaña rusa y que cuando estalló la guerra tuvo que quedarse en casa, vestido de civil, marcando con banderines en un mapa los progresos y errores de los generales movilizados. En esos días de desesperación, Lenin, por lo general un férreo realista, pondera y da vueltas a los más disparatados y fantásticos sueños. ¿No podría ir al aeropuerto y sobrevolar Alemania o Austria? Pero ya el primero que se ofrece a prestarle ayuda, se revela como un espía. Las ideas de fuga son cada vez más descabelladas y más confusas. Escribe a Suecia para que le faciliten un pasaporte sueco, pretendiendo hacerse pasar por mudo, para no tener que dar ninguna información. Claro está que a la mañana siguiente, tras todas esas noches de desvarío, Lenin se reconoce siempre a sí mismo que son alucinaciones irrealizables. Pero, esto lo sabe también a pleno día, tiene que regresar a Rusia, tiene que hacer su revolución, en lugar de la de los otros. La verdadera y justa, en lugar de la política. Tiene que regresar, y pronto, a Rusia. Regresar, ¡cueste lo que cueste!