Momentos Estelares De La Humanidad

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Para su decepción, los impacientes periodistas tropiezan con desconcertantes pretextos. Es seguro que se les admitirá a todos en las sesiones plenarias, y que las conclusiones y protocolos de esas reuniones —en realidad, resultado de una alquimia que los depura de cualquier tensión— se transmitirán íntegramente al mundo entero, pero de momento no pueden darles ninguna información, ya que lo primero es establecer el modus procedendi, el orden de las negociaciones. De inmediato, intuyen que está ocurriendo algo que vulnera lo acordado, aunque ignoran qué es lo que se trama. Ya en su primera discusión sobre los cuatro grandes, los «big four», Wilson percibe la resistencia de los aliados. No quieren transparencia, y con razón. En los mapas y en los archivos de todas las naciones beligerantes quedan testimonios de que la diplomacia secreta ha garantizado a cada uno su parte y su botín, de esos trapos sucios que uno sólo querría airear in camera caritatis, entre los íntimos. Por eso, para no comprometer la conferencia, hay que tratar y aclarar antes algunos asuntos a puerta cerrada. Pero no sólo no se alcanza un acuerdo en cuanto al modus procedendi, sino tampoco en un plano más profundo. En el fondo, la situación está del todo clara en ambos grupos, el americano y el europeo. Una postura clara a la derecha. Una postura clara a la izquierda. En esta conferencia no hay que firmar una paz, sino dos paces, dos tratados completamente distintos. Una de ellas, la paz inmediata, debe poner fin a la guerra con Alemania, que se ha rendido. La otra, la paz del futuro, debe imposibilitar para siempre la guerra. Por un lado, la paz al estilo antiguo, rigurosa. Por otro, la paz de nuevo cuño, el Covenant de Wilson, el convenio, que trata de fundar la Liga de Naciones. ¿Cuál de las dos ha de negociarse primero?


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