Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad De nuevo los cañones retumban en señal de saludo cuando el George Washington zarpa de Brest, pero la multitud que allí se agolpa ya está más relajada y se muestra más indiferente. Cuando Wilson abandona Europa, la ferviente expectación, la esperanza mesiánica de los pueblos ha cedido ya en parte. También en Nueva York le espera un recibimiento más frío: no hay aviones revoloteando en torno al barco que regresa, no se escuchan impetuosos gritos de júbilo, y la acogida que le dispensan los propios ministerios, el Senado, el Congreso, el propio partido, el propio pueblo, es más bien recelosa. Europa está descontenta de que Wilson no haya ido lo bastante lejos. América lo está por todo lo contrario. Europa no parece estar lo suficientemente madura como para unir sus intereses contradictorios en un único interés común a la humanidad. En América sus adversarios políticos hacen campaña, con los ojos puestos ya en las próximas elecciones presidenciales, acusándole de haber unido políticamente el nuevo continente al europeo, agitado e impredecible, de un modo demasiado estrecho y sin autorización, y de haber infringido con ello el principio fundamental de la política nacional, la doctrina Monroe. Se le exhorta a que no olvide que no es el fundador de un futuro reino imaginario y que no tiene que pensar para las naciones extranjeras, sino en primer término en los americanos, que le han elegido por voluntad propia como su representante. De modo que Wilson, aún agotado por las negociaciones europeas, inicia nuevas discusiones tanto con los miembros de su propio partido como con sus adversarios políticos. Y ante todo, en el soberbio edificio del Covenant, que él creía inviolable e inexpugnable, tiene que cerrar una puerta trasera: la peligrosa cláusula para la retirada de América de la alianza, por la que llegado el momento podría abandonarla («provision for withdrawal of America from the League»). Con ello se ha quitado la primera piedra del edificio de la Liga de Naciones, proyectado para toda la eternidad. Se ha abierto la primera grieta en el muro, una hendidura funesta, que será la causante de su derrumbamiento definitivo.