Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Cueste lo que cueste. Semejante proclama despierta ya de por sà las fuerzas capaces de crear, de dar un nuevo impulso. AsÃ, poco después de la declaración de guerra se presenta ante el sultán un hombre considerado como el fundidor de cañones más ingenioso y más experimentado del mundo. Urbas, el húngaro. Es cristiano y ya antes ha ofrecido sus servicios al emperador Constantino, pero, confiando, como es lógico, en que Mehmet le dará más dinero y que con él encontrará cometidos más osados para su arte, se declara dispuesto, si le facilitan medios ilimitados, a fundir un cañón tan grande como no se ha visto hasta entonces en toda la Tierra. El sultán, al que, como todo aquel que está poseÃdo por una única idea, ningún precio le parece demasiado alto, le asigna de inmediato un buen número de trabajadores. Y en miles de carros el bronce es transportado hasta Adrianópolis. Durante tres meses, el fundidor, realizando infinitos esfuerzos y siguiendo métodos secretos de fraguado, prepara el molde en barro antes de que se realice la emocionante fundición de la masa incandescente. La obra da resultado. El inmenso tubo, el más grande que el mundo haya conocido hasta entonces, es sacado del molde y enfriado, pero antes de que se haga la primera prueba de disparo, Mehmet envÃa emisarios por toda la ciudad para advertir a las mujeres encintas. Cuando con enorme estruendo la boca iluminada por el rayo escupe la poderosa bola de piedra y destroza la muralla de un único tiro de prueba, Mehmet ordena que en seguida se fabrique toda una artillerÃa en esas gigantescas medidas.