Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Entonces ocurre algo que a la multitud de Bizancio que gime y se lamenta desesperada le parece un milagro. De pronto se inicia un ligero soplo. De pronto se levanta viento. Y enseguida las flácidas velas de los cuatro barcos se hinchan, abombándose. El viento, el añorado viento, el solicitado viento, se ha despertado de nuevo. Triunfalmente, se alza la proa de las galeras. De un golpe se hinchan las velas y las naves se balancean, adelantando con repentino ímpetu a los enemigos que revolotean a su alrededor. Son libres, están salvados. En medio del estruendoso júbilo de los miles y miles que se encuentran en las murallas, el primero, el segundo, el tercero, el cuarto barco entran ahora uno tras otro en puerto seguro. La cadena de cierre vuelve a sonar elevándose protectora. Tras ellos, diseminada por el mar, queda impotente la jauría de los pequeños barcos turcos. Una vez más, el júbilo de la esperanza se cierne como un nubarrón de color púrpura sobre la sombría y desesperada ciudad.