Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Los sitiados no necesitan de ningún emisario, de ningún desertor, para saber lo que les espera. Saben que se ha ordenado el asalto, y el presentimiento de un deber y de un peligro enormes pesa sobre toda la ciudad como un nubarrón tormentoso. La población, en otras ocasiones dividida en facciones y disensiones religiosas, se agrupa en estas últimas horas. Siempre es la más extrema necesidad la que consigue crear el espectáculo incomparable de la unidad en la Tierra. Para que todos sepan qué es lo que están obligados a defender —la fe, un gran pasado, una cultura común— el basileus dispone que se celebre una conmovedora ceremonia. Siguiendo sus órdenes, el pueblo entero se reúne, ortodoxos y católicos, sacerdotes y legos, niños y ancianos, para formar una única procesión. Nadie debe y nadie quiere quedarse en casa. Desde el más rico hasta el más pobre se alinean, cantando piadosamente el Kyrie eleison, en la solemne comitiva que recorre primero el centro de la ciudad y después también las murallas exteriores. De las iglesias se sacan los iconos sagrados y las reliquias, que encabezan el desfile. Por todas partes, allí donde se ha abierto una brecha en el muro, se cuelga la imagen de algún santo para que rechace el asalto de los infieles mejor que cualquier arma de este mundo. Al mismo tiempo, el emperador Constantino reúne a los senadores, a los nobles y a los comandantes para infundirles valor con un último discurso. Y aunque no puede prometerles nada comparable al inmenso saqueo de Mehmet, les habla de la gloria que obtendrán para la cristiandad y para el mundo occidental si rechazan ese último y decisivo embate, y del peligro que corren si se rinden frente a esos incendiarios. Mehmet y Constantino, los dos saben que de ese día dependen siglos de Historia.
