Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Entonces empieza la primera escena, una de las más sobrecogedoras para Europa, un inolvidable éxtasis de decadencia. En Santa Sofía, aún la catedral más espléndida del mundo, que desde el día de la reconciliación de ambas iglesias ha sido abandonada tanto por los creyentes de una como por los de la otra, se reúnen aquellos que han sido señalados por la muerte. En torno al emperador se agrupa toda la corte, los nobles, el clero griego y el romano, los soldados y los marineros genoveses y venecianos, todos con sus armaduras y con sus armas. Tras ellos, se arrodillan miles y miles de sombras silenciosas que murmuran con reverencia. El pueblo, agobiado, estremecido por el miedo. Y las velas, que con esfuerzo luchan con la oscuridad de las bóvedas, iluminan a esa masa que unánime reza postrada como un solo cuerpo. Es el alma de Bizancio, la que aquí ruega a Dios. El patriarca eleva ahora su voz poderosa, exhortándoles. Cantando, le contestan los coros. Una vez más, suena en ese espacio la sagrada, la eterna voz de Occidente, la música. Entonces uno tras otro, el emperador primero, suben al altar para recibir el consuelo de la fe. Y el incesante oleaje de la oración resuena y retumba en el gigantesco espacio, elevándose hasta las bóvedas. La última misa del imperio romano oriental, la misa de difuntos, ha comenzado, pues la fe cristiana vive por última vez en la catedral de Justiniano.