Tres maestros
Tres maestros Pero luego, cerca del mar, del infinito, vienen de pronto los increíbles rápidos en que el amplio caudal de la narración se conglomera en un torbellino, parece que las páginas vuelan, el ritmo se hace angustioso y el alma arrastrada se precipita en el abismo. Presentimos la profundidad cercana, ya retumba la catarata, toda la extensa y pesada masa se convierte de repente en velocidad espumante y, como la corriente de la narración, atraída magnéticamente por la cascada, precipitándose hacia la catarsis, también nosotros pasamos sin querer más deprisa por estas páginas y luego de improviso caemos en el abismo del acontecer con el sentimiento destrozado.