Tres maestros
Tres maestros Ved cómo andan sus personajes predilectos: con una dulce sonrisa en los labios; lo saben todo y, sin embargo, no conocen el orgullo; no viven en el secreto de la vida como en un pozo de fuego, sino como rodeados de un cielo azul. Han vencido a los enemigos primigenios de la existencia, «el dolor y el miedo», y por eso son bienaventurados en la fraternidad infinita de las cosas. Han sido redimidos de su yo. La felicidad suprema de los mortales es la impersonalidad: así, el mayor de los individualistas convierte la ciencia de Dios en una nueva fe.
La historia del espíritu no conoce otro ejemplo de autodestrucción moral en un hombre ni un caso parecido de creación fructuosa de un ideal partiendo del contraste. Mártir de sí mismo, Dostoievski se clava en la cruz: clava su saber para dar testimonio de su fe; clava su cuerpo para que a través del arte engendre al nuevo hombre; clava su individualidad por amor a la totalidad.