Una Partida de ajedrez
Una Partida de ajedrez Los comentarios de mi compañero despertaron mi más viva curiosidad. Siempre me han interesado los monomaníacos obsesionados con una sola idea porque cuanto más se restringe un individuo, en realidad más cerca está este del infinito. Personajes como este, aparentemente alejados de la realidad, son como termitas que usan su propio material para construir una extraordinaria y única versión del mundo en pequeña escala. Por eso, no oculté mis intenciones de observar más de cerca a este extraño espécimen de mente monotemática durante los doce días de viaje hasta Río.
Sin embargo, mi compañero me advirtió: “No creo que lo logre. Por lo que sé, hasta ahora nadie ha logrado sacarle ni el más mínimo material de análisis psicológico a Czentovic. Al margen de sus severas limitaciones, es un campesino artero y lo suficientemente astuto para no ponerse en evidencia, lo cual consigue evitando toda conversación que no sea con otros campesinos de similar procedencia, cuya compañía busca en pequeñas posadas. Cuando cree estar en presencia de una persona educada, se encierra en su caparazón. He aquí por qué nadie puede jactarse de haberlo oído decir algo estúpido alguna vez o de haber evaluado las profundidades, en apariencia insondables, de su ignorancia”.