Una Partida de ajedrez
Una Partida de ajedrez Una partida de ajedrez
El habitual bullicio de último momento reinaba en el gran buque de vapor que dejaría Nueva York a la medianoche con destino a Buenos Aires. Los visitantes que habían llegado desde el campo para despedir a sus amigos empujaban y se abrían paso entre la gente; los niños carteros, con sus boinas inclinadas hacia un lado, recorrían las tabernas gritando el nombre de distintas personas; las valijas y las flores eran llevadas a bordo; por las escaleras, subían y bajaban curiosos niños; mientras tanto, en la cubierta, la banda tocaba sin cesar. Yo estaba en la cubierta de paseo un poco alejado de todo ese alboroto, conversando con un conocido, cuando de pronto notamos dos o tres destellos cerca de nosotros. Al parecer, algunos reporteros estaban sacando fotografías y entrevistando a alguien famoso justo antes de que el barco zarpara. Mi compañero miró en esa dirección y sonrió. “¡Oh! Llevan un tipo raro a bordo. Ese es Czentovic”, dijo. Y dado que, evidentemente, esa información no me sirvió de mucho, agregó: “Mirko Czentovic, el campeón mundial de ajedrez. Ha estado de gira por todo Estados Unidos; recorrió el país de este a oeste, participando en torneos, y ahora va hacia Argentina en busca de nuevos triunfos”.
