Safari en la ciudad

Burton Hare

Riendo entre dientes, Indro Bran se alejó hacia los cortinajes del fondo del local. Al otro lado de ellos había un salón más reducido, con paredes imitando roca y unos hachones sujetos a la piedra, que esparcían una luz difusa a su alrededor. Los únicos ocupantes del saloncito eran un hombre y una mujer sentados en torno a una diminuta mesita.
El hombre tendría unos treinta años a lo sumo, era delgado y apuesto, con una espesa cabellera negra y ojos irónicos. La mujer merecía capítulo aparte.
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