La Trampa del Paraíso
La Trampa del Paraíso Dentro del campo, la situación se volvió caótica. Los asteroides, como gigantes dormidos, se movían perezosamente, y Han los usaba como escudos. Las naves cazadoras intentaron seguirlo, pero su tamaño y falta de agilidad les jugaron en contra. Han, con reflejos afilados por años de sobrevivir en las calles y en naves como el Trader’s Luck , se deslizó entre las rocas espaciales con una precisión asombrosa. Una a una, las naves cazadoras fueron cayendo, chocando contra los asteroides o siendo destruidas por los disparos que Han devolvía cuando podía.
Finalmente, cuando logró dejar atrás a sus perseguidores, el silencio llenó la cabina. Solo el sonido suave de los motores y la respiración acelerada de los esclavos liberados rompían la calma. Han se permitió un momento para respirar. Había escapado. Pero sabía que el peligro no había desaparecido. Ylesia, Shrike, y otros como ellos seguían ahí afuera, esperando la oportunidad de atraparlo. Pero ahora, por primera vez en su vida, Han sentía que el control estaba en sus manos.