Historia natural y moral de las Indias
Historia natural y moral de las Indias Y comienza luego a confesarse, y unos de los circunstantes se ríen de los pecados que oyen, y otros gimen. Y a cada pecado que dicen, baja la otra balanza un poco, hasta que, finalmente, habiendo dicho todos sus pecados, queda la balanza vacía igual con la otra en que está el triste penitente. Y llegada la balanza al fin con la otra, vuelven los goquís a hacer andar la rueda, y traen para dentro el bastón, y ponen a otro de los peregrinos en la balanza, hasta que pasan todos. Contaba esto, uno de los japones después de hecho cristiano, el cual había andado esta peregrinación siete veces, y entrado en la balanza otras tantas, donde públicamente se había confesado. Y decía, que si acaso alguno de éstos, puesto en aquel lugar, deja de confesar el pecado como pasó, o lo encubre, la balanza vacía no baja, y si después de haberle hecho instancia que confiese, él confía en no querer confesar sus pecados, échanlo los goquís de la balanza abajo, donde al momento se hace pedazos. Pero decíanos este cristiano, llamado Juan, que ordinariamente es tan grande el temor y temblor de aquel lugar en todos los que a él llegan, y el peligro que cada uno ve al ojo, de caer de aquella balanza y ser despeñado de allí abajo, que casi nunca por maravilla acontece haber alguno que no descubra todos sus pecados; llámase aquel lugar por otro nombre: Sangenotocóro, que quiere decir lugar de confesión.