Al final mueren los dos
Al final mueren los dos Y asÃ, entre risas nerviosas y conversaciones profundas, los dos comenzaron una jornada que cambiarÃa todo.
La ciudad despertaba lentamente mientras Mateo y Rufus recorrÃan sus calles. Rufus lideraba con confianza, como si supiera exactamente a dónde iban, aunque en realidad solo estaba improvisando. Mateo lo seguÃa con pasos más lentos, sus pensamientos tambaleándose entre la emoción y el miedo.
—¿Qué es lo más loco que has hecho? —preguntó Rufus de repente, deteniéndose frente a una tienda de discos con la persiana a medio bajar. Mateo bajó la mirada. —No muchas cosas. Quizá... quedarme despierto hasta tarde leyendo un libro. Rufus soltó una carcajada. —Eso no cuenta, amigo. Hoy haremos cosas de verdad.
Con una sonrisa temblorosa, Mateo lo siguió. Rufus levantó la persiana con fuerza, dejando entrar la luz del amanecer al pequeño local. No habÃa nadie, pero el dueño del lugar los miró con curiosidad desde la puerta trasera. Rufus levantó las manos en señal de paz. —No venimos a robar. Solo... queremos escuchar música. ¿Está bien? El hombre resopló, pero asintió.
