La ratonera
La ratonera Organiza a todos en sus posiciones. Asigna tareas. Observa reacciones. Pero algo en él también empieza a inquietar. Giles lo mira fijamente. —¿Y si tú no eres quien dices ser? —¿Qué insinúas? —responde Trotter, con una mueca tensa.
Mollie, mientras tanto, está más alterada que nunca. Recuerda detalles vagos sobre el caso Lyon. Cartas antiguas. Un niño que ella pudo haber conocido… y quizás olvidado.
Miss Casewell se abre del todo: —Yo era aquella niña. Mi hermano murió. Mi hermana aún vive. Y sé que él… el otro… ha estado esperando. —¿Esperando qué? —pregunta Mollie. —Justicia —responde, con una sombra de tristeza.
Wren desaparece momentáneamente. El pánico crece. Paravicini se rÃe, como si disfrutara cada momento. —¡Qué final tan dramático nos espera!
Y entonces todo encaja. Las palabras, los silencios, los movimientos. El verdadero rostro empieza a perfilarse entre las grietas de la duda.
—El asesino está aquà —declara Trotter—. Y lo atraparé. A mi manera.
Pero Giles y Miss Casewell ya lo saben. Ya lo ven. —Tú no eres un sargento —dice ella con voz helada—. Tú eres el hermano que sobrevivió.
El silencio cae como una guillotina.