Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa ¡Nada, nada absolutamente hay enjuto en el ejército! Armas, municiones, vituallas, equipajes, camas, libros, papeles, todo se encuentra hecho una sopa… ¡El desastre ha sido general! ¡Oh espantosa, oh terrible, oh salvaje Mauritania!, ¡cómo te defiendes de la invasión española!
La última noche, sobre todo, rayó en lo extra-natural. No ya solamente la lluvia, sino un viento horrible, un huracán rabioso, azotaba a la tremante tierra. El mar unía sus bárbaros rugidos a tan fragoroso concierto; los árboles y las malezas crujían y se tronchaban; rodaban las peñas, abandonando sus asientos seculares; y todo, en fin, cuanto tiene voz en la naturaleza se quejaba furioso ante la inclemencia de los elementos.