Diario de un testigo de la Guerra de Africa

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La descubierta, en el campamento de Sierra Negrón (De un croquis).

Pero, ¡ah!, la serena impavidez de Ros de Olano y de sus generales y jefes fue igual en aquella hora al arrojo y empuje que demostraron luego. Nadie se movió de la trinchera, ni para avanzar ni para retroceder: contestose con balas a las balas, y, entretanto, fueron avanzando nuestros batallones en apretadas columnas por las laderas de los barrancos, y situándose de modo que pudieran en determinado momento rechazar al enemigo por todos lados y hacerle pagar cara su osadía.

Así fue, a cosa de las nueve, el general de nuestra 2.ª división, D. Jenaro Quesada, con su cuartel general, se puso a la cabeza del batallón de Barcelona y de algunas fuerzas de Asturias, África y la Reina; y, espada en mano (así como sus ayudantes, Estado Mayor y el denodado brigadier Otero), embistió contra los marroquíes, entre vivísimo fuego, gritando a sus soldados: «¡No tirar! ¡No tirar! ¡Están cortados! ¡A la bayoneta! ¡Viva la Reina!».

¡Están cortados! Esta es la frase más tremenda que se pronuncia en la lid. (¡Nunca salga de labios de los moros!). Ayer, dicha por el general Quesada, significaba, como siempre, que el enemigo había perdido parte de sus fuerzas para no recobrarlas más, dado que esta parte se hallaba encerrada en un círculo de hierro.


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