Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa En este momento comienzan a bajar compañías a la playa para que descarguen sus armas y las limpien. El general Prim pasa por la izquierda de nuestro campo, dirigiéndose con sus tropas al Camino de Tetuán, a fin de reconstruir algunos puentes que el temporal ha derribado. Los cantineros y mercaderes acuden de Ceuta con vino, fósforos, cigarros, papel de escribir, velas y otros artículos preciosos. Los caballos relinchan, como diciendo que están prontos a dar un paseo. Y la tropa, tan macilenta ayer, revela en su semblante la esperanza de que un sol tan claro mejore la salubridad del campamento y acelere la hora de nuestra marcha.
Llegan, en fin, juntos los correos de dos o tres días, y con ellos los efluvios de amor y entusiasmos de la madre patria. Un aluvión de cartas y periódicos inunda el valle; todos tienen noticias de sus familias; todos se animan a seguir adelante al ver la noble actitud del pueblo español; todos se hacen la cuenta de que las penalidades pasadas han sido un mal ensueño, y procuran imaginarse que hoy es cuando verdaderamente empieza la campaña.
Para que el día sea completo, preséntanse en la lontananza de nuestro horizonte, como viniendo de Gibraltar o de Algeciras, dos, cuatro, seis…, hasta nueve buques de vapor y de vela que se dirigen hacia estas costas…