Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa ¡Siete horas hace que expiró en el ocaso la última lumbre de ese día, y yo la veo brillar aún, y me quema los ojos, y enciende la sangre de mis venas!
Algunas leguas me separan ya del teatro del combate; estoy solo, en una sosegada casa de Ceuta, rodeado de paz y de silencio, ¡y creo aún encontrarme allí, en aquel valle, sobre aquella montaña; y oigo el estruendo de la pólvora, y el silbido de las balas, y las voces de mando, el rodar de la artillería, y los golpes del pico y de la pala, y el bárbaro concierto de tanta furia, de tanta destrucción, de tanto estrago!…
Voy a coordinar mis recuerdos… Voy a tomar desde su principio este larguísimio día, que abulta en mi imaginación tanto como un año… Voy a conduciros al través de sus tumultuosas horas, a fin de que veáis, como yo los vi, unos acontecimientos que vivirán tanto como la historia. Y bien haya la fiebre, si ella contribuye a darme energía para seguir escribiendo toda la noche.
El día de hoy amaneció purísimo y sereno. Era el primero de un nuevo año, y el ejército español lo festejaba tomando la ofensiva contra los marroquíes.