Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Desde antes de rayar la aurora empezaron a desfilar por la playa del Tarajar la división mandada por el general Prim, con dos escuadrones de Húsares y dos baterÃas. Detrás de estas fuerzas, sabÃamos que habÃan de pasar el SEGUNDO CUERPO y el cuartel general del general en jefe.
Cuando ya fue dÃa claro, hice abrir mi tienda; y desde la cama, donde me retenÃa un ligero accidente, contemplé durante una hora aquella marcha importantÃsima, cuyo resultado no podÃa menos de ser (esto lo preveÃa todo el mundo) una nueva acción, y quizá toda una batalla.
Desapareció, en fin, el último soldado con dirección al nuevo camino, cuya solemne inauguración se verificaba en aquel instante, y yo me quedé solo, en la cruel ansiedad que podéis suponer, mientras que todo el TERCER CUERPO se hallaba formado en las trincheras (de orden del general O'Donnell), dispuesto a marchar de frente y caer en el Valle de los Castillejos por su mayor altura, si asà lo requerÃan los acontecimientos.
Transcurrió una hora más, y eran ya las ocho, cuando empecé a oÃr un cañoneo lejano y bastante vivo…
—¡Esto es hecho! —le dije a mi criado, pidiéndole ayuda.
Y me levanté de la cama como pude, y salà a la puerta de la tienda.