Diario de un testigo de la Guerra de Africa

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Por lo demás, los pobres prisioneros eran tan miserables como los cadáveres moros que vi el día 25. Sólo uno de ellos se distinguía por llevar un poco más de ropa, y otro por su rostro imberbe y por su larga cabellera negra.

Esta circunstancia hizo que muchos, acostumbrados a ver a los moros completamente rapados y con toda la barba, tomasen a aquel individuo por una mujer; pero lo cierto, según he sabido esta noche (pues los cinco cautivos se encuentran también en Ceuta), es que la pretendida mora y efectivo moro dan por resultado un derviche, especie de peregrino o monje muy respetado por los musulmanes.

Cátanos ya entre nubes de humo y ensordecidos por el estruendo del cañón. Hemos dado vista al Valle de los Castillejos… Son las doce de la mañana.

Ya he descrito este valle, abierto entre ásperos montes que bajan hasta la playa, situada a nuestra izquierda, y que suben por la derecha, juntándose hasta formar cierta angosta cañada…

Desde estos montes era facilísimo estorbar la marcha de nuestro ejército, y de aquí la necesidad de ocuparlos previamente, como también la tenacidad con que los han defendido hoy los moros.


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