Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Cerca ya de los Castillejos encontré cinco moros heridos, escoltados por guardias civiles, que los defendían de la cólera de algunos soldados rencorosos, quienes, recordando quizá la muerte de algún hermano o amigo, mostraban deseos de vengarla.
Con este motivo presencié discusiones acaloradísimas entre los feroces y los compasivos, en que acababan siempre por triunfar los últimos; pues nadie se atrevía a contestar a las siguientes preguntas que hacían llenos de nobleza:

El general don José Turon (De fotografía).
«¿Somos nosotros tan salvajes como los africanos? ¿No nos hemos de diferenciar de ellos? ¿Es hazaña propia de españoles cebarse en un hombre indefenso, en un herido, en un moribundo? ¡El que quiera vengarse que busque moros armados! Ese tiroteo que oís os indica que aún quedan muchos y que se encuentran cerca… ¡Marchad, pues, en su busca, y sed generosos con los que ya están vencidos!».
Estas o parecidas palabras no podían menos de encontrar eco en pechos cristianos, y los heridos marroquíes pasaban al fin confundidos con los nuestros, sin que los guardias civiles tuviesen que intervenir en el asunto.