Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Entonces acabará el laborioso prólogo de esta campaña. Dígolo, porque ni las acciones dadas en el Serrallo y Sierra-Bullones, ni la misma batalla del día 1.º de enero nos han revelado por completo la índole, el número ni los planes de los marroquíes. Vendrán, pues, sucesos y espectáculos que nos hagan olvidar estos accidentales campamentos. El verdadero drama no ha principiado todavía. La curiosidad del artista y del poeta ha carecido, por lo menos hasta ahora, de emociones y misterios extraños a la civilización del occidente. Aparte de los mismos moros, de sus trajes y fisonomías, de su aspecto exterior y manera de combatir, nada hemos encontrado que nos sorprenda y maraville, sino montes desiertos y algún que otro morabito arruinado. Los hogares, los muebles, las costumbres, los niños, las tierras cultivadas, la religión, la industria, la mayor o menor civilización de estas gentes, su vida, en fin, es aún para nosotros un secreto.