Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa El RÃo Azmir.—Curiosidad del poeta.—Nostalgia del hombre.—Otro combate.—Más prisioneros.—Preparativos de marcha.—Conjeturas.
12 de enero, por la mañana.
RÃo Azmir… Asà se llama (según parece) el pantanoso valle que dominan nuestros reales, y con tal nombre se aparecerá toda la vida a la imaginación de los que han padecido o batallado en estos sitios. ¡Dos combates, y el que principiará dentro de una hora (pues los moros empiezan a asomar por las alturas); un temporal sin ejemplo; las privaciones y las enfermedades que aquà se han sufrido, son recuerdos imperecederos que pasarán de padres a hijos, y que la historia inscribirá en sus páginas!
Por lo demás, muy pronto (quizá mañana) abandonaremos estos lugares, que ya no volveremos a ver sino en sueños. Sus fragosos montes y anchos pantanos seguirán solitarios y desatendidos. Una vez dominado Cabo Negro, nos encontraremos en paÃs habitado, entre una rÃa navegable y una ciudad populosa, en contacto inmediato con nuestras naves y cerca del término de nuestra peregrinación.