Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Rápido, enérgico, brillantÃsimo ha sido este momento de la acción. El general en jefe, que tan impasible contempla los más solemnes espectáculos, se ha dejado arrebatar, como todos, por el movimiento de nuestras tropas, y, metiendo espuelas a su caballo, ha pasado por entre los batallones, bajo un diluvio de balas, gritando en medio de la refriega:
—¡Viva la infanterÃa española!
A esta exclamación, y al entusiasta saludo con que la acompaña, responden mil y mil ecos gritando:
—¡Viva el general en jefe! ¡Viva O'Donnell!
Entonces el caudillo se descubre, y contesta… lo que ha contestado siempre en Ãfrica al oÃrse vitorear:
—¡Soldados, viva la Reina!
Entretanto, el famoso Reducto de los enemigos ha caÃdo en poder del general Ros de Olano, quien ha cargado con el regimiento de Albuera, hasta llegar a la llanura, desalojando a los moros de sus últimos parapetos…
Cabo Negro está vencido.
¡Ah, nos parece un sueño! ¡Se acabaron las sierras! ¡Se acabaron las luchas desiguales y alevosas!