Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa En dicha ensenada, separada ya hoy de nosotros por este promontorio, tuvimos la base de operaciones durante todo el combate de ayer, y por allí recogió nuestros heridos y enfermos la otra escuadra que nos ha seguido siempre en nuestra marcha por la costa, prestándonos todo género de auxilios. Hoy mismo nos comunicarnos con el mar por aquel punto, si bien esta comunicación es ya muy precaria y fácil de interrumpir. En cambio, mañana, cuando los buques que traen a la División Ríos doblen el cabo y entren en la rada de Tetuán, tendremos en sus aguas nuestra base de operaciones.
Hoy no ha aparecido el enemigo en la vastísima llanura que se ve desde aquí, y de la cual han tomado posesión particularmente (ya que no oficial o militarmente) muchos individuos de nuestro ejército, ansiosos de pasearse por terreno llano, y, sobre todo, de reconocer tierras moras.
La única señal de vida que han dado los marroquíes ha sido pintar muchísimas tiendas, como a una legua de distancia, delante de Tetuán, sobre las segundas estribaciones de Sierra Bermeja… ¡Ah, señores moros! ¡Ya nos veremos cara a cara! ¡Terminó la guerra del acecho y la alevosía! ¡Ya os veremos venir cuando nos busquéis! ¡Ya sabemos dónde estáis para cuando nos toque buscaros!