Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Más de una hora permaneció el general O'Donnell en aquel Reducto, dando instrucciones para su pronta terminación y estudiando los intentos del enemigo. Pero este no se separaba de sus artilladas trincheras, como si, en lugar de prepararse a atacarnos, esperara una acometida de nuestra parte; lo cual nos hizo discurrir del siguiente modo:
«Los moros recuerdan sin duda, que nuestro ejército celebró el día de la Reina inaugurando la campaña, y temen que hoy, por ser día del príncipe de Asturias, demos el ataque a Tetuán».
Con gran placer (me atrevo a asegurarlo) lo hubiera hecho así el general O'Donnell: pero aún necesitaba y necesita preparar muchas cosas antes de volver a tomar la ofensiva (entre otras, recibir y montar el tren de sitio). Por consiguiente, ayer mañana, viendo a los moros a la defensiva, regresó a Fuerte Martín, no sin profundo sentimiento del ejército.
Una hora habría pasado desde que volvimos a nuestras tiendas, y proyectaba ya cada uno la mejor manera de emplear el ocio cuando volvió a escucharse la misma voz que por la mañana:
—¡A caballo!, ¡el general O'Donnell va a salir!… ¡Parece que nos atacan los moros!

El general de caballería don Félix Alcalá Galiano.