Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa El animoso brigadier Villate esperaba tranquilo la llegada del general en jefe, defendiendo el Reducto con sus escasas fuerzas; pero tan hábil y valerosamente, que tenÃa a raya por todas partes los intentos del enemigo, sin apartarse del puesto que estaba llamado a sostener.
La situación podÃa ser crÃtica, y no debÃa perderse ni un momento… Mientras llegaba la infanterÃa (que, naturalmente, no habÃa podido seguir el galope del cuartel general), el conde de Lucena mandó avanzar por el blanco derecho al general GarcÃa con doscientos caballos y con unas guerrillas de cazadores, que el general Ustáriz situó convenientemente, quedándose con ellas y dirigiendo sus comprometidas operaciones en medio de un incesante tiroteo. Porque hay que advertir que entre nuestras posiciones y el ejército enemigo habÃa una larga serie de pantanos y lagunas, y que la acción estaba empeñada entonces de margen a margen; lo cual no podÃa dar otro resultado que mayores o menores bajas en unas u otras filas.