Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa La noche después de una acción.
El mismo dÃa.
Con motivo de esta propia festividad, anoche hubo en algunas tiendas un rato de animada soirée, en que se cantaron coros, se bebió alguna botella de buen vino, se jugó con moderación, se contaron cuentos, se refirieron historias de amores, se ensayaron las fuerzas echando el pulso, se escribieron versos aun por los más profanos, se disfrazaron de moros algunos hombres graves, y se rió, en fin, a más no poder, y con razón o sin ella, hasta que sonó el toque de silencio.
Yo asistà a la tertulia de los jefes y oficiales de carabineros de la escolta. A uno le habÃan matado el caballo; otro habÃa perdido el sargento de toda su confianza; el de más allá se curaba una ligera herida; algunos nombraron dos o tres veces a cierto compañero que acababa de morir del cólera en Ceuta, y de quien se hablaba a propósito de su cama o de su caballo (no me acuerdo bien), que habÃa quedado vacante… pero todos estaban de muy buen humor.