Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Al anochecer ha partido para la aduana, escoltado por dos guardias civiles. Desde allí, antes de rayar el día, se dirigirá al campamento moro, y nuestras avanzadas le harán fuego, aunque sin apuntarle, a fin de que su simulada fuga tenga alguna verosimilitud.
La despedida de los moros ha sido solemne, rápida, silenciosa. Hanse dado la mano de muchas maneras distintas, y Amurat ha marchado sin hablar palabra.
El solitario Abdalla fumaba reposadamente cuando yo le dejé hace un instante.
¡Pobre viejo! ¡Qué ganas se me han pasado de darle a entender que su vida no correrá peligro aunque Amurat no vuelva! Ya cuidaré de que se lo diga pronto quien tenga autoridad para ello.