Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Esto es más posible, e induce a creerlo el ver sobre el alminar de la Mezquita Mayor de Tetuán una bandera blanca y un extenso gallardete amarillo, que ondean a merced del viento…
Como quiera que sea, este brusco despertar de Tetuán ha excitado fuertemente mi fantasÃa.
—¡Conque la ciudad está habitada! —me he dicho—. ¡Conque existe! ¡Conque se adhiere al ejército acampado a sus puertas!
Empiezo, pues, a imaginarme nuevos y desconocidos sucesos. Adivino la defensa de la plaza; veo en lontananza el bombardeo, el asalto, el escalamiento, la brecha, la entrada a saco, el incendio, los ayes de las vÃctimas, el cuadro completo, en fin, el pavoroso y magnÃfico cuadro tantas veces descrito por los poetas de todas las edades…
Y, sin embargo, todo esto me parece mejor que mis anteriores presentimientos. Tetuán vigilante es menos pavoroso que Tetuán dormido. La expectativa de una toma a viva fuerza no me aterra tanto como la de encontrar desiertas sus calles y sus casas. El negro de la mecha; la pólvora inflamada; Tetuán volando en escombros, y nuestro ejército aniquilado por ellos, atormentaban continuamente mi imaginación…