Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Tetuán despierta.
DÃa 26 de enero.
Esta mañana a las cuatro se oyeron dos o tres tiros hacia la aduana.
—¡Ya es libre Amurat! —dije yo en mis adentros, mientras que algunos de mis compañeros de tienda, que no estaban en el secreto de lo que sucedÃa, se preparaban a levantarse, creyendo que se trataba de un ataque matutino como el del primer dÃa de Pascua.
—¡Ya es libre Amurat! —volvà a decirme, en tanto que reconciliaba el sueño, y esta palabra libre resonó en mi imaginación de una manera tan vibrante, que desde aquel momento no he vuelto a abrigar confianza alguna en que el libertado moro torne a parecer por nuestro campo. Quizá él abjuraba en aquel mismo instante todas sus promesas, comprendiendo que la libertad es preferible a un puñado de plata; que la patria no vale menos que un juramento, y que O'Donnell es incapaz de quitar la vida al pobre viejo que se ha quedado en rehenes.
Ahora, que son las dos de la tarde, oÃmos nutridas descargas en el campamento enemigo…
¿Cuál puede ser su causa? ¿Festejarán a algún gran personaje recién llegado? ¿Habrá venido el Emperador en persona a tomar el mando de su ejército?