Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Esta mañana recibió el TERCER CUERPO de ejército la orden de salir de Ceuta por batallones, con todo su inmenso material, y formar a la falda del Otero, a fin de trasladarse desde allí al punto que se le designaría oportunamente.
¡Emprendimos, pues, la marcha a cosa de las diez, y solo entonces cundió por las filas la fausta nueva de que debíamos dírigirnos por el camino de Tetuán!…
En efecto, pasamos al lado de la piedra divisoria que antes de esta guerra señalaba los límites de nuestro campo (la misma piedra que los moros derribaron hace algunos meses y que repuso en su lugar el día de la Reina el arrojado general Echagüe); dejamos a nuestra izquierda la Mezquita, y a la derecha el Serrallo y los Reductos; tomamos por un barranco que se inclinaba hacia el mar, y al poco tiempo pusimos la planta sobre una carretera recién construida, o sea improvisada por nuestros ingenieros militares en las laderas de una áspera montaña.