Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Pues aún habÃa de punto el interés de esta escena; aún podÃa rayar más alto una situación tan culminante… Faltaba la catástrofe final.
Fue el caso que mientras algunos nos hallábamos en la puerta de la juderÃa, en medio de aquellas masas, que no nos cansábamos de mirar, rodeados nuestros caballos por una multitud de desarrapados hebreos que nos referÃan tremendos episodios de la pasada noche, el conde de Lucena y su cuartel general habÃan penetrado en la casa del gobernador, situada al otro extremo de la plaza…
Este edificio es a la vez palacio y castillo, y sobre su plataforma habÃa cañones y pertrechos de guerra. De pronto, y cuando más ajenos estábamos ya a ciertos temores de que varias veces os he hablado, óyese allà una espantosa detonación que estremece a todo Tetuán… Veinte mil alaridos de espanto resuenan al misma tiempo… Una dilatada y espesa humareda tapa la casa del gobernador… La muchedumbre se repliega, huyendo hacia la JuderÃa… Los batallones se precipitan también sobre ella… Los caballos atropellan a los infantes… Los lamentos ensordecen el espacio…
—¡Pólvora! ¡Pólvora! —exclama todo el mundo.
Una segunda detonación y una segunda humareda aumentan la consternación general…