Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Yo me acuerdo de mi fatídico sueño… —¡Tetuán va a volar hecho cenizas! ¡Nuestras victorias terminarán al fin por un desastre!…
Ni es este el único peligro que nos amenaza. Hay otro más inmediato… ¡El atropello; la confusión; el tumulto; los caballos que se meten espantados entre las olas de la muchedumbre; el peligro, en fin, de ser aplastados o ahogados en aquel infierno!…
Yo creo perecer… Pero ¡ah! ¡Bien sabe Dios que no pienso en mí! ¡Sólo pienso en que el general en jefe se halla dentro del pavoroso edificio en que suenan aquellas horribles explosiones!… ¿Qué vale mi vida, qué valen mil vidas, comparadas con la de nuestro caudillo, con la del vencedor de África?
En esto, por un claro del humo que rodea la casa del gobernador, veo al general O'Donnell atravesar corriendo la plataforma, como quien huye de incontrastable riesgo… Otros generales y jefes del cuartel general corren también en varias direcciones por las azoteas inmediatas…
El terror obscurece mi vista… Y ya creo ver vacilar la casa… ya creo ver hundirse sus paredes, sepultando a nuestro general y a su comitiva… ¡Morir! ¡Morir tantos héroes en el momento del triunfo! ¡Ah, bárbaros marroquíes! ¡Desventurada España!…