Diario de un testigo de la Guerra de Africa

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Los únicos sitios públicos de Tetuán, son las mezquitas, y consecuencia de esto es que sus fachadas sean ostentosas y que sus grandes y labradas puertas estén en lugar visible y despejado. Pero, en cuanto a las casas, fuera imposible discernir dónde concluye una ni principia otra. El exterior de cada manzana forma una pared desigual y tortuosa, que se prolonga como una muralla. De trecho en trecho, y siempre a bastante altura, vense unas rendijas muy parecidas a las aspilleras de un fuerte. Son las únicas ventanas que miran a la calle. Apenas cabe una mano por ellas, y, más que para dar aire o luz a las habitaciones, sirven de acechadero, a los recelosos marroquíes. Cuanto más lujosa y bella es una casa por dentro, tanto más pobre es su entrada y más deforme e insignificante su frente. Así, pues, nunca sabe uno si el edificio que tiene delante es un miserable tugurio, o un magnífico palacio, cuyas labradas estancias, frescos patios y sombríos cenadores constituyan verdaderas maravillas del arte.







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