Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa En toda la ciudad (que es bastante grande y muy apiñada, y que, según me dicen, ha llegado a contener hasta cincuenta mil habitantes) solo hay dos plazas: la Mayor o el Zoco, de que ya hemos hablado, la cual es un extenso y no muy perfecto cuadrilongo, y la plaza Vieja, de forma irregular, que da entrada a la Alcaicería.

Plaza de Tetuan, llamada El Fondac.
La Alcaicería (bien lo dice su nombre) es un barrio cerrado en que está, o, por mejor decir, estaba el comercio principal de la población. Cúbrela un espeso toldo de zarzos de cañas, y comprende más de trescientas tiendas, destrozadas y saqueadas todas, primero por las cabilas, y después por los judíos. Estas tiendas, como todas las de Tetuán, son una especie de alacenas embutidas en la pared, dentro de las cuales se sentaba el mercader sobre las piernas cruzadas, teniendo al alcance de la mano todas sus mercancías… ¡Y yo no los he visto así!… Pero el judío me asegura que llegaré a verlos.

Fuente en el patio de la Judería.
En muchos parajes de la ciudad hay fuentes públicas, nada monumentales, que consisten en caños de agua cayendo en pilones de piedra. Con todo, un blando y monótono murmullo presta un encanto particular a las silenciosas y entoldadas calles…