Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa ¡Oh, Misericordia divina! ¡Tú no te desdeñas de habitar en tan inmundo seno! ¡Oh, espÃritu inmortal, rayo del cielo, alma del hombre! ¡Tú eres incorruptible! ¡Tú fulguras lo mismo en el corazón del leproso que en la frente de Constantino! ¡Tú saliste tan inmaculada y pura del gangrenado pecho de Lázaro y de Job, como del casto corazón de los santos niños calcinados en el horno! ¡Tú eres como amianto!