Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Esta escena fue sumamente rápida y ceremoniosa.
Por último, diéronse la mano los dos caudillos…, ¡y un nuevo abismo de sangre los separó desde aquel momento!
Quedáronse los moros en la tienda. Nosotros montamos a caballo, y nos dirigimos a escape adonde aguardaban el cuartel general y la escolta.
La vuelta a Tetuán fue muy animada.
—¿Guerra? —nos preguntaron los que de nada se habÃan enterado.
—¡Guerra! —les respondimos.
—Pues ¡Guerra! —exclamó todo el mundo.
Y aquellas esperanzas de paz concebidas el dÃa de la toma del campamento moro, y que nos habÃan halagado durante tres semanas, remontaron el vuelo y desaparecieroo de nuestra vista, dejando en su lugar, en nuestro corazón, cierta renaciente y despechada furia, que acabó por ahogar las severas voces con que la razón nos gritaba que habÃamos hecho una locura en provocar nuevos combates después de cumplido el objeto que nos sacó de España.
Pero, en fin, ya no hay que pensar en esto. La patria vuelve a llamarnos a la guerra… ¡Guerra, pues!… ¡Soldados somos!… ¡Aquà están nuestras vidas!