Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Asegurado ya completamente el éxito en toda la izquierda y centro, el general en jefe se trasladó a la derecha, adonde llegó pocos momentos después de ser ocupadas las alturas, ordenando en seguida el ataque de todas las posiciones que ocupaban aún los moros, sin embargo de lo avanzada que estaba la tarde.
Verificóse este ataque por las cuatro susodichas compañías de Chiclana, y el primer batallón del regimiento de Navarra, al mando del coronel Lacy, sostenidos por la brigada Paredes y fuerzas del PRIMER CUERPO, a las órdenes del general Echagüe. El enemigo fue decisiva y prontamente arrojado de todos los puntos que ocupó, a pesar de la resistencia que en cada uno trató de oponernos, y, al anochecer, ocuparon nuestras tropas la parte más culminante de las Sierras de Gualdrás, distantes de Tetuán más de legua y media.
El enemigo llegó en esta jornada a la dispersión más completa de cuantas ha sufrido en sus combates con nuestro ejército; y si la noche no nos hubiese estorbado seguir adelante, de seguro que en muchos días no hubieran podido reunirse; pues cada uno corría por distinto lado, mientras que nuestros cazadores, desde el pico más alto de la cordillera, saludaban a la Reina y a la patria con gritos de entusiasmo y júbilo, contemplando a un mismo tiempo los dos mares…, ¡el Océano y el Mediterráneo!