Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Siendo ya noche cerrada, y no llevando las tropas lo necesario para acampar, dispuso el general en jefe que todas las fuerzas se replegasen a sus campamentos, lo cual ordenaron los generales respectivos; encomendando la derecha al general Echagüe, quien hasta las once de la noche no ha entrado en su campo con el último batallón, sin que en todo ese tiempo el enemigo haya dado nuevas señales de vida.
Nuestras pérdidas han sido un jefe, dos oficiales y diecinueve individuos de tropa muertos; tres jefes, catorce oficiales y ciento setenta y cuatro individuos de tropa heridos, y un jefe, siete oficiales y ciento veinticuatro individuos de tropa contusos. Las del enemigo han debido de ser muy considerables.
Ahí tenéis la historia del combate de hoy, primero de una nueva serie, que no sé dónde ni cuándo terminará. En él nos han atacado los moros, lo cual quiere decir que han recibido grandes refuerzos y que vuelven a someter la cuestión al fallo de las armas… ¡Tanto mejor! ¡Antes de tres días les atacaremos nosotros a nuestra vez, y ya no pararemos hasta clavar nuestra bandera en los muros de Tánger!
España lo desea, ¡y el enemigo nos desafía!… ¡Ya no hay que dudar!… Nuestras tropas han divisado esta tarde el océano Atlántico… ¡Al Océano, pues!