Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Y, sin embargo, todos creen que acometemos una empresa descabellada, inútil, peligrosÃsima… Descabellada, porque tendremos que devolver a Tánger al acabar de tomarlo, o que venir a las manos con Inglaterra; inútil, porque al cabo tendremos que abandonar a Tetuán, con indemnización o sin ella, y peligrosÃsima, porque, si el viento nos es contrario, nos hallaremos dentro de tres dÃas sin base de operaciones enfrente de los muros de Tánger, o sea sin el apoyo de nuestra escuadra, e incomunicados con Tetuán. Por lo demás, acabamos de saber que el enemigo no ha perdido el tiempo, y que en el Fondak nos aguardan cincuenta mil moros, perfectamente atrincherados al abrigo de formidables montañas… ¡MagnÃfica tempestad nos espera!
¡Figuraos ahora la animación que reinará en Tetuán! Ya no se trata de caminar con la escuadra a la vista, recibiendo de ella todo género de socorros, sino de vivir de nuestros propios recursos. Nos proveemos, pues, todos de infinidad de raciones; cómpranse caballos, asnos, mulas y camellos a forasteros y judÃos; cargamos hasta con muebles; mejoramos la condición de nuestras camas de campaña; Chorby, el inimitable Chorby, nos regala a sus amigos los mejores cojines, las mejores mantas de su harén, todas las naranjas de su despensa, y hasta sus utensilios de cocina… ¡Ahora sà que será nuestro ejército una ciudad ambulante!