El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte Dicho esto, la Muerte puso el rumbo hacia el Norte, y el carro voló con más celeridad que nunca.
El Asia Menor, el mar Negro, la Rusia y el Spitzberg desaparecieron bajo sus ruedas como fantásticas visiones.
Iluminóse luego el horizonte de vistosísimas llamas, reflejadas por un paisaje de cristal de roca.
Todo era silencio y blancura sobre la tierra…
El resto del cielo estaba cárdeno, salpicado de casi imperceptibles astros.
¡La Aurora boreal y el hielo!… He aquí toda la vida de aquella pavorosa región.
—Estamos en el Polo… —dijo la Muerte—. Hemos llegado.
La muerte recobra su seriedad
Si Gil Gil no hubiera visto ya tantas cosas extraordinarias durante su viaje aéreo; si el recuerdo de Elena no ocupase completamente su imaginación; si el deseo de saber adónde le llevaba la Muerte no conturbase su contristado espíritu, ocasión muy envidiable era en la que se veía para estudiar y resolver el mayor de los problemas geográficos: la forma y la disposición de los polos de la tierra.