El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte En cuanto a Gil y Elena, aquella tarde entraron en la Tierra de Promisión, cogidos de la mano, libres para siempre de duelo y penitencia, salvos y redimidos; reconciliados con Dios, partícipes de su bienaventuranza y herederos de su gloria, ni más ni menos que el resto de los justos y de los purificados…
Por lo demás, yo puedo terminar mi cuento del propio modo que terminan las viejas todos los suyos diciendo que fui, vine y no me dieron nada.
Guadix, 1852.