El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —TranquilÃzate… —respondió la divinidad—. ¡Elena no morirá nunca para ti! AsÃ, pues, ¡responde!… ¿Quieres o no quieres ser mi amigo?
Gil contestó con esta otra pregunta:
—¿Me darás en cambio a Elena?
—Te he dicho que sÃ.
—¡Pues ésta es mi mano! —añadió el joven alargándosela a la Muerte.
Pero otra idea más horrible que la anterior le asaltó en aquel momento.
—¡Con estas manos que estrechan la mÃa —dijo— mataste a mi pobre madre!
—¡SÃ! ¡Tu madre murió!… —respondió la Muerte—. Entiende, sin embargo, que yo no le causé dolor ninguno… ¡Yo no hago sufrir a nadie! Quien os atormenta hasta que dais el último suspiro es mi rival la Vida, ¡esa vida que tanto amáis!
Gil se arrojó en brazos de la Muerte por toda contestación.
—Vamos, pues —dijo el ser enlutado.
—¿Adónde?
—A La Granja, a comenzar tus funciones de médico.
—Pero ¿a quién vamos a ver?
—Al ex-rey Felipe V.
—¡Cómo! ¿Felipe V va a morir?