El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —Todavía no; antes ha de volver a reinar, y tú vas a regalarle la corona.
Gil inclinó la frente, abrumado bajo el peso de tantas nuevas ideas. La Muerte lo cogió del brazo y lo sacó de la hostería.
No habían llegado a la puerta, cuando oyeron a su espalda gritos y lamentaciones.
El dueño de la hostería acababa de morir.
Digresión que no hace al caso
Desde que Gil Gil salió de la hostería empezó a observar tal cambio en sí mismo y en la naturaleza toda, que, a no ir asido a un brazo tan robusto como el de la Muerte, indudablemente hubiera caído anonadado contra el suelo.
Y era que nuestro héroe sentía lo que no ha sentido ningún otro hombre, ¡el doble movimiento de la tierra alrededor del sol y en torno de su propio eje!
En cambio, no percibía el de su propio corazón.